A través de una Jornada académica, se actualizó a integrantes del SIBIUNAM sobre la situación que guardan las revistas electrónicas

Jornada de actualización sobre revistas electrónicas en la UNAM

Debido a los constantes cambios que se están generando en torno al ámbito de la suscripción de la revista electrónica, la Subdirección de Servicios de Información Especializada de la DGB, encabezada por la maestra Margarita Lugo Hubp, realizó la Jornada de actualización sobre revistas electrónicas en la UNAM, con la finalidad de que el sector bibliotecario esté actualizado gracias a la participación de un equipo experto en la materia como: el doctor Antonio Sánchez Pereyra, el maestro Sergio Márquez Rangel y el licenciado Daniel Villanueva Rivas, bajo la moderación del maestro Federico Turnbull Muñoz.

En lo relativo al panorama del llamado Acceso Abierto, se dijo que conforme avanza este movimiento se han ido incorporando términos como el de revistas de acceso verde, dorado, platino y revistas híbridas, y a pesar de que se viven tiempos muy acelerados, los cambios tecnológicos se llevan su tiempo, en el sentido de que si uno toma en cuenta que, desde que dio inició la posibilidad técnica de tener impresos en mayor escala, pasaron casi dos siglos para que se generaran las primeras revistas científicas.

En nuestro caso no han pasado dos siglos, pero sí resulta complicado realizar cambios vertiginosos debido a que hoy en día se tienen plataformas electrónicas muy poderosas, pero se necesita contar con una cantidad fuerte de dinero para poder gestionar económica y administrativamente las revistas electrónicas y luego ofrecerlas en acceso abierto.

En este sentido las grandes casas editoriales son las que controlan el mercado, por lo tanto se debe considerar que el acceso abierto tiene muchas vertientes, difíciles de escalar. Principalmente tiene que ver con una cuestión económica, pero también hay que tomar en cuenta la posibilidad de relacionar el acceso abierto con el modelo vigente de suscripción.

Como se sabe, los investigadores redactan, publican y dictaminan el material de las revistas. Y por su parte, la biblioteca es la que realiza el pago para la suscripción de las revistas que utilizan los usuarios. Como se puede ver, las casas editoras realizan un doble proceso: por un lado, cuentan con las plataformas para la publicación electrónica y -por el otro- tienen un conocimiento técnico muy específico; por lo tanto, ellas son las que imponen los precios de suscripción.

Pero, como ya se había mencionado los investigadores redactan, publican y dictaminan los artículos, entonces habría que cuestionarse porqué las casas editoriales cobran y porqué los investigadores no reciben regalías por el trabajo de dictaminación. Una posible respuesta sería que el valor agregado está contenido en sus potentes plataformas y en la especialización técnica de su personal.

Debido a esta situación cada año se incrementa el costo de las suscripciones, a pesar de que en la actualidad se habla de que la tecnología abarata los costos; cuando los economistas se percataron de dicha situación lo calificaron como un monopolio del mercado con una clara imposición de precios.

Jornada de actualización sobre revistas electrónicas en la UNAM

En este panorama la única alternativa que tienen las bibliotecas es la creación de consorcios y entrar en el terreno del acceso abierto, pero no es una medida suficiente para poder competir con este gran mercado editorial que genera miles de dólares anualmente. Dichos editores, al principio se oponían al acceso abierto pero ante dicho panorama modificaron su mercado y deciden adoptarlo bajo el argumento de la preferencia por el acceso abierto y la posibilidad de no pagar la suscripción, entonces proponen el cobro por publicar, es decir el costo que implica posicionar los artículos por las grandes casas editoriales.

Dicho de otra forma, que las revistas sean sustentables con dos modelos: que se pague por publicar y que la revista sea subsidiada con fondos públicos. La pregunta está en el aire, ¿qué conviene más, el modo tradicional o los diversos modelos con los que se cuenta hoy en día?. Al parecer se tendría que analizar cada uno y posteriormente tomar la decisión más adecuada.

Por su parte la UNAM, a raíz de que participa en el Consorcio Nacional de Recursos de Información Científica y Tecnologíaca (Conricyt), de sus 11 mil revistas que suscribe 10 mil 350 las suscribe a través de él, y el resto se trabajan con pequeños editores pero no se comparten con los demás porque no se encuentran en el consorcio, que en sus inicios contaba con 9 instituciones fundadoras y a la fecha se ha incrementado el número de instituciones y de recursos que pasó de 8 a 134, entre ellos más de 60 colecciones de revistas electrónicas, con igual número de proveedores.

El consorcio está organizado del tal forma que cada institución tiene acceso a diversos recursos, no a lo mismo que los demás pues depende de la aportación que cada uno haga al respecto y a los convenios realizados, pero bajo ciertas políticas y la creación de un fondo institucional, donde cada integrante aporta una cantidad para la adquisición de revistas, bases de datos y más recientemente libros electrónicos.

En el caso de las universidades públicas estatales, por ejemplo, cuentan con un promedio de 45 recursos suscritos, lo que se traduce en miles de títulos y -como se sabe- son recursos que no están en acceso abierto; entonces, el beneficio ha incrementado tanto el número de instituciones que tienen acceso a más revistas como el aumento de más recursos.

Ahora bien, la forma de suscribir se basa en una serie de políticas para la selección, adquisición y contratación. Además de esto, la UNAM ha aportado su experiencia acorde con lo que se realiza en el consorcio; es decir, cubrir todos los campos del conocimiento requeridos por la comunidad y los materiales se obtienen directamente con el editor, es decir con el dueño de la información, porque ofrece mejores opciones presupuestarias.

Por otro lado, a pesar de que el consorcio mantiene el modelo de suscripción, se ha dirigido la atención hacia el rápido avance que ha mostrado el Acceso Abierto. Y no es que el modelo de suscripción ya no funcione bien, al contrario, pero se está consciente de que en un futuro se deben realizar cambios, y -como ya se dijo- las casas editoras empezaron a revertir sus políticas como una opción hacia ese modelo.

Más tarde se mostraron particularidades de lo que se realiza en la Subdirección de Servicios de Información Especializada de la DGB, y a raíz de las dudas que surgieron en las reuniones que se han llevado a cabo con los grupos de bibliotecas del Sistema Bibliotecario y de Información de la UNAM, como la falta de certeza de saber con exactitud cuál de los artículos contenidos en las revistas híbridas son de acceso abierto y cuál no, o cuáles son los beneficios que se han conseguido a través de la suscripción vía Conricyt, la respuesta ha sido positiva pues hace aproximadamente 15 años los editores incrementaban el precio entre un 9 y 12 por ciento anual, y el consorcio estableció mantenerlo en un 5 por ciento en promedio, pero debido a las exigencias al interior de él se logró bajarlo a un 3.4 por ciento.

Esta fortaleza se debe, entre otras cuestiones, a la revisión conjunta de los contratos que suscribe el consorcio, pero también al cuidado que se tiene en la DGB de que no haya duplicidad de los recursos, de las buenas políticas de comunicación con los editores, del cumplimiento de los tiempos en la colección impresa (si no llega en dos años se cancela), de la actualización de las herramientas informáticas, de mantener comunicación con los responsables de las bibliotecas, de las políticas y lineamientos de selección y adquisición, del comportamiento de las suscripciones de revistas electrónicas, ya que éstas últimas, del 2012 al 2017 se incrementaron de 9,300 a 11,000 y de la constante vigilancia del Comité de Adquisiciones, entre otros importantes factores que fueron tratados en la Jornada.

Reseña: Ma. del Rosario Rodríguez León
Fotos: Julio Zetter Leal

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18Ene